por yveshalom » Vie Mar 05, 2010 11:22 am
a.- Resumen analítico:
El crecimiento espiritual y la madurez se alcanzan mejor en una comunidad de personas que se conocen y aceptan mutuamente.
Relaciones: El Latido del Crecimiento y Madurez:
Si tu currículo no está basado en la Palabra de Dios y tu programa no es relacional, entonces lo que haces no es discipulado.
El discipulado es un ministerio intensamente personal entre dos o más personas que se ayudan mutuamente a tener la experiencia de una relación creciente con Dios.
El discipulado es ser antes que hacer, madurez antes que ministerio, carácter antes que carrera.
Tú tienes el tremendo privilegio y responsabilidad de ser maestro y discípulo de lo que significa estar en Cristo, andar en el Espíritu y vivir por la fe.
Como discipulador no dejas de ser discípulo que aprende y crece en Cristo.
Designios del Discipulado:
Nivel I: Arraigados en Cristo (Colosenses 2:10):
El conflicto espiritual del Nivel I es la falta de salvación o de la seguridad de la salvación. Dios quiere que sepamos que tenemos vida eterna (1ª Juan 5:13).
El conflicto racional del Nivel I es el orgullo intelectual. Las personas orgullosas son autosuficientes.
El conflicto emocional del Nivel I es el temor, la culpa y la vergüenza. El temor de Dios quita todo otro temor (Proverbios 1:7). Es necesario vencer la culpa y la vergüenza por la gracia de Dios porque “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).
El conflicto volitivo del Nivel I es la rebelión. Es muy difícil discipular a un rebelde, porque no se somete a la autoridad. El crecimiento en este nivel incluye la comprensión de la sumisión bíblica a Dios y a los demás.
El conflicto relacional que hay que vencer en el Nivel I es el rechazo. El proceso del discipulado se basa en el amor y la aceptación incondicional de Dios (Tito 3:5).
La primera meta del discipulado es ayudar al discípulo a estar firmemente arraigado en Cristo. Esto comprende lo siguiente:
Guiar a la persona a Cristo y a la seguridad de la salvación.
Guiarles al verdadero conocimiento de Dios y de su identidad en Cristo, e iniciarlos en la senda del conocimiento de los caminos de Dios.
Cambiar su motivación básica de los temores irracionales al temor de Dios, y ayudarles a vencer la culpa y la vergüenza.
Ayudarles a ver de qué manera aún toman el papel de Dios o se rebelan contra la autoridad de Dios.
Quebrantar sus defensas entre el rechazo aceptándolos y afirmándolos.
Nivel II: Edificados en Cristo (Colosenses 2:7)
La edificación de una persona en Cristo comienza en la dimensión espiritual de ayudarles a distinguir entre andar en la carne y andar en el Espíritu.
El discipulado requiere disciplina mental. La persona que no asume la responsabilidad por lo que piensa no se somete al discipulado.
Las emociones son un producto de nuestros pensamientos. Si nuestros pensamientos y creencias son errados, lucharemos con emociones negativas.
Volitivamente, los cristianos necesitan el ejercicio del fruto espiritual del autocontrol para no sucumbir a los impulsos de la carne.
Relacionalmente, el perdón es la clave de la libertad en Cristo.
La segunda meta del discipulado es aceptar la meta de la santificación puesta por Dios y crecer en la semejanza de Cristo. Esto supone lo siguiente:
Ayudar que las personas aprendan a caminar por fe en el poder del Espíritu Santo.
Guiarles a disciplinar la mente para creer la verdad.
Ayudarles a salir de la montaña rusa emocional centrando sus pensamientos en Dios y no en las circunstancias.
Estimularles en el desarrollo del dominio propio.
Llamarles a resolver los problemas personales mediante el perdón a los demás y por la búsqueda del perdón.
Nivel III: Andar en Cristo (Colosenses 2:6)
Las personas espiritualmente maduras se identifican como aquellos cuyos sentidos están ejercitados “en el discernimiento del bien y el mal” (Hebreos 5:14).
Racionalmente la gente perece por falta de conocimiento (Oseas 4:6). La persona madura tiene una vida productiva si sabe cómo hacerlo y que hacer.
Emocionalmente, el creyente maduro aprende a contentarse en todas las circunstancias (Filipenses 4:11). Animar significa dar a la persona el valor de avanzar. Todo discipulador debe ser un animador.
Relacionalmente, el cristiano maduro ya no vive para sí, sino para los demás.
La tercera meta del discipulado es ayudar a otros a actuar como cristianos en su hogar, en sus trabajos y en la sociedad. El andar cristiano efectivo incluye el ejercicio adecuado de los dones espirituales, de los talentos y del intelecto para el provecho de los demás y para ser testigos positivos del mundo.
Conceptos para la Consejería:
La consejería cristiana trata de ayudar a las personas a resolver los conflictos espirituales y personales por medio de un arrepentimiento genuino y por la fe en Dios. La meta de la consejería cristiana – hecha por un pastor, por un consejero profesional o por un amigo – es ayudar a una persona a disfrutar de su libertad en Cristo para que avancen hacia la madurez y fructifiquen en su andar con Él.
1. Ayúdales a identificar y a resolver la raíz del problema: la gente generalmente busca consejo porque algo no está bien en su diario caminar.
2. Estimula la honestidad emocional: los aconsejados generalmente están dispuestos a dar a conocer lo que les ha ocurrido, pero están menos dispuestos a dar a conocer sus faltas o la complicidad en el problema y son muy reticentes a dar a conocer sus sentimientos al respecto. Si no eres modelo de honestidad emocional y no la estimulas, son pocas las oportunidades para resolver los conflictos internos y ser libres en Cristo.
3. Dar a conocer la verdad: cuando el cristiano busca ayuda, generalmente se debe a que la vida les ha dado un duro golpe. Normalmente tienen una idea errónea de sí y tienen una percepción distorsionada de Dios. Con demasiada frecuencia la consejería comienza por descubrir lo que el cliente tiene erróneo.
4. Pedir una respuesta: la consejería depende de la respuesta de fe del aconsejado.
5. Ayúdales a integrarse a una comunidad cristiana: finalmente necesitamos ayudar a las personas a pasar del conflicto al crecimiento y estimularles que desarrollen relaciones sustentadoras. Necesitamos a Dios y los unos a los otros.
b.- Impacto de la enseñanza en mi vida:
Uno podría mirar atrás y decir hasta donde he sido discipulado efectivamente. Es probable que uno se sienta identificado en alguno de estos niveles. Este capítulo me anima a cubrir lo que haga falta y a revisar que clase de discipulado estoy dando. A revisar el área de la consejería, hasta donde estoy ayudando a las personas a disfrutar de su libertad en Cristo para que avancen hacia la madurez y fructifiquen en su andar con Él. La Consejería desde este punto de vista cambia totalmente.